Más de 360°: las pesadillas son el principio

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Las noches suceden rutinariamente bajo el efecto de los cristales rotos de la ventana que da al patio trasero de los recuerdos, entonces te das cuenta que toda la basura se fue acumulando y hecho a perder las rosas y los claveles, los girasoles pasaron de su amarillo solar a un color negro perdición. Ni siquiera las moscas rondan cerca.

Aquella voz que toma fuerza durante la noche, ahora me pide dormir, ha dejado a un lado la tortura y las preguntas. No me parece que cediera, ya que me insista a dormir.

Correspondí a su llamado, esta vez perdí la noción del tiempo, no se cuando perdí la conciencia y me quede dormido frente al computador, para despertar sobre mi cama sin saber como es que llegue allí.

En sueños me encontre decrepito, me soñaba sin ser yo. Sorprendido quede ante la desesperación de encontrarme atado de pies y manos con cadenas, y un grillete oxidado oprimiendo mi cuello. Mi cuerpo, casi un cadáver decadente, con la piel parecida al cuero que se adhería a mis huesos, mi cabeza completamente afeitada, calva, y completamente desnudo.

A mi alrededor paredes mohosas hechas de piedra sobre piedra se alzaban a mis cuatro puntos, el techo era tan oscuro y sucio que intimidaba con solo mirarlo. Allí tirado, en el suelo, escuche una voz llamándome desde un pequeño charco de agua, era la voz de las noches.

– Me arriesgo mucho al venir aquí -dijo- pero ahora soy un poco mas fuerte, y tu cada segundo mas débil. Mírate, la vida que has perdido, la vida que se te drena, ahora pareces menos que un cadáver.

– ¿Porque estoy aquí?

– Esa es una buena pregunta, pero no tengo porque contestarte, si quieres ignorar la respuesta esta bien, pero tu la sabes, no preguntes cosas que no debes, porque el tiempo apremia.

Quede en silencio, la voz de las noches tenia razón una vez mas, este lugar ya lo conocía, sabia porque estaba en ese lugar, sabia lo que era, lo sabia todo. Era una prisión, una celda, una prisión donde caen quienes cedieron ante la perversidad del espíritu, y solo se dejaron llevar por un rió que inflamaba el alma con material purulento, un edema de la razón.

– ¿No tienes nada que decir? ¿Enserio? Mira por mi esta bien si te quieres quedar aquí, pero…

– No, no quiero este lugar -interrumpi- en verdad no quiero.

– Deja de autocompadecerte, claro que quieres estar aquí, si no no estarías.

– Entonces ¿Como salgo? ayúdame por favor.

– Que deprimente, me das lastima, pero veamos, si quieres en verdad salir, tal vez podamos hacer algo.

Aquella voz me explico el plan, dijo que la única forma de salir no era intentando, era haciéndolo, intentar no cuenta si fallaba, me iba a ayudar, pero me advirtió que  si en algún momento vacilaba, y me rendía, tendría que pagar la cuota inimaginable de las consecuencias.

Mi situación era innegable, y tratar de negar cualquier hecho o preguntar por algo que ya sabes de antemano era solo perder el tiempo, hacerse el tonto. Había una forma de salir.

continuara…

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