Carta a la luna

Hace ya algunos cuantos años, desconozco el porque, y no puedo mencionar nada mas sin caer en mi egoísmo, la luna allá sobre el cielo decidió dejar su trono estelar, y así abandono su lecho de estrellas, dejando solo su tenue recuerdo como una fotografía en el cielo, para que no la extrañemos. La luna bajo al mundo humano y nació en forma humana, cambio su cuarto menguante por caderas ardientes de provocación sensual, cambio su cuarto creciente por labios letales y peligrosos para los drogadictos, su forma de luna llena cambio por senos gemelos reposo de la viva imagen encarnada de la perfección y la feminidad, su forma de luna nueva dio a cambio de unos ojos ventanas de su alma y canales al mundo de los mas finos amantes, por ultimo dio su luz, a cambio de un corazón, albergue de sentimientos y emociones, anfitrión del deseo que provoca una mujer a amarla, un corazón, amantemente hecho para abrazar y ser abrazado.

Y por coincidencia, coincidió que se encontrara con un simple mortal, por coincidencia en un mismo lugar y un mismo momento, y al cruzar por coincidencia sus caminos y sus miradas, despues de algunas palabras, aquel mortal callo  enamorado de aquella diosa mujer, y ese mortal siendo yo, un mortal enamorado de su sonrisa que ilumina mis noches, de sus ojos soñadores cuyas pupilas me dejan ver sus sentimientos y a través de los cuales me arrulla entre sueños, su piel canela impregnada de la fragancia de Venus, sus manos de musa provocadora al acomodarse el pelo en un movimiento de alta marea, de sus besos… sus besos que siempre me dejan inconforme, besos que sin importar cuantos pruebe, siempre quiero mas, y sin embargo… daría mi vida por uno solo de sus besos.

mujer-luna (1)

“Hola amada mía, ¿Cómo has estado? espero que te encuentres bien. No sabia como decirte tanto que quiero contarte, y para comenzar por el principio he decidido escribirte una carta, en la cual no llegaría a terminar en el final, pero por un lado he de empezar.

Esta noche tome papel y lápiz, e intente escribir un poema a tu salud, y brindar una copa de tinta con el espíritu de la dicha. Dicha que has causado desde que apareciste, dicha desde la primera vez que tus brazos, aquella noche, estuvieron al rededor de mi cuerpo, entonces, tú, quemaste el aviso de solicitud de empleo en el periódico de las musas, con un solo ademan, cual diva, de un tajo sacaste del cesped el cartel de SE RENTA que había colocado a la entrada de un corazón con cuatro recamaras, no suficiente era el espacio de un cuarto ventrículo, que tomaste tu cartera llena, y con el crédito ilimitado de tu sonrisa, accedí a venderte en lugar de alquilarte mi corazón. 

Los cuatro cuartos decoraste, con la sencillez que caracteriza una mujer única, la primera habitación, fue el paseo de la fama donde colgaste los cuadros de recuerdos que vivimos juntos; la segunda habitación fue tu sala de descanso, donde cada mañana abrías las cortinas y dejabas entrar la luz y reposabas tan tranquila, el tercero decidiste convertirlo en un jardín de tus flores favoritas, compraste un pato, un conejo y un gato, y perfumabas todo lugar con el aroma que solo tu puedes dar, allá en tu jardín secreto, por ultimo la cuarta habitación, de esa me encargue yo, coloque una cama, y un librero, un sofá y un escritorio, una mesita de roble bajo un teléfono de cobre bajo el cual deje mi numero escrito en un pedazo de papel y una nota que decía: LLAMA CUANDO QUIERAS. Así te deje unas llaves sin copia alguna, y un papel de propiedad.

Desde entonces, a pesar de tanto tiempo, allí sigue la propiedad, con una alfombra de BIENVENIDA a la entrada que es tuya. 

Tuya como mis manos, tuya como mis labios, tuya como mis piernas, como mis orejas, tan tuyamente… por completo. 

Pero no pretendo con esta carta solo decirte eso, y si no te importa, pretendo confesarme, confesarme de ser culpable, culpable de cada noche que recibo tu visita, querer raptarte, y continuar el beso de buenos días. De no querer soltarte, de este egoísmo que me nace y quiere atraparte.

Culpable, ante los dioses, de creerme mas que cualquiera, de aspirar a mas de lo que se me puede otorgar, de pretender el amor de una diosa, siendo yo solo un mortal, de escalar a mano desnuda el monte Olimpo y atreverme a mirar a los ojos y retar a cualquier deidad solo por conocer los secretos que solo tu puedes contar, secretos de los dioses querer arrebatar solo por el capricho de probar la gloria en los mismos labios de la divinidad.

¿Que seria de los hombres sin los dioses?

Por ultimo confesar el ultimo de mis pecados, el de robar, robar tu recuerdo, apropiarme de tu memoria, cada vez que pretendo escribir, y por eso, es que tal vez soy el peor de los pecadores entre todos los nueve círculos, pecando de predicar tu nombre en cada letra que escribo, de evocar tu figura en cada palabra, y de desearte hasta la muerte con cada pensamiento que tengo. !Asi es, al final mi mayor pecado es desearte, amarte, querer quererte¡ aunque la vida me cueste.

Y para no agobiarte con tantas palabras desencadenadas, termino esta carta donde confieso ser el que intenta robar a cada oportunidad que tengo, las noches y los días de una diosa piel canela, y hasta el ultimo de sus besos.”

Siempre tuyo, Azkre (Mr. JF)

PD. TE AMO

*******************

Así, pongo el sello a esta carta y la entrego al cartero, el señor de los sueños, emisario de la luna, que monta sobre una mantarraya de grandes poderes. Solo espero, no la llene de arena.

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