Día veinte. Canto II: Aquellas horas.

falacrocorax

Aquellas horas en mi papel
que pase como un guardián
protegiendo una princesa
escoltándola a su castillo
sin dejar de ser su amante.

Esas horas invaluables
que caminamos juntos
y miramos por la ventana
platicando el silencio
y entre miradas y risas
te plantaba un beso.

Aquellas horas finitas
siempre les llegaba ala hora
y me tocaba volver
solo y acompañado
por tu aroma impregnado
y el sabor de tu boca.

Aquellas horas tuyas
que convirtieron mis sueños
en tu feliz realidad
me pagaron con intereses
en monedas de alegría.

2 pensamientos en “Día veinte. Canto II: Aquellas horas.

  1. Aunque se pueda sobornar a la infelicidad, y aunque no sean la felicidad, no creo que me de por rechazar una sola de esas monedas de alegría, con las cuales, si hay suficientes, podría tener el mercado completo, un banco, quererlo todo, no solo las monedas, las monedas no sirven de nada si no se utilizan, incluso se devaluan, pero si se utilizan, traen satisfacción, claro, todo depende del usuario. Tal vez suene muy ambicioso, pero en el amor, es mi parte extremista, querer y amar, o de lo contrario, como dice Joaquin Sabina “Si no me quiere, que no me quiera, nadie se muere”.

    Saludos, y gracias por comentar y leer, siempre es un placer leer y responder los comentarios. Un sincero abrazo.

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