Día trece. Sin alguna musa.

musa

Algunas veces quisiera
ser un papalote en vuelo
y llegar hasta las alturas
buscando una musa perdida
que me preste su compañía
para encontrar un adjetivo
que se ajuste a este sentido
apasionante y posesivo
que me provoca tu figura.

Pero creo que se mudaron
lo más lejos que pudieron,
o quizá solo han salido
de paseo o de parranda,
pero por más que he visitado
mil y un bares cada semana
me es imposible encontrarlas;
así que revisa, mi niña
tal vez estén en tu alcoba
o en los frascos de tus perfumes.

Solo quiero librar la sandez
y regalarte uno que otro verso
que convine con eso que llamas
desarreglo por las mañanas,
para ver si así te convenzo
que en todo momento tu cabello
a mí se me antoja perfecto,
y de paso logro que entiendas
lo que pienso cuando te veo
caminar moviendo tus caderas.

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