Su sonrisa

El tunel

 

 

Todos hemos escuchado hablar de historias de terror, sobre aquellos seres extraños y retorcidos que vagan por el las calles tal vez en un plano paralelo y de vez en cuando, solo en contadas ocasiones a contadas personas que se encuentran en el lugar y el momento equivocados les ocurren sucesos indescriptibles, pero… aun después de esto, ellos se reponen, como si alguna bendición callera de lo divino para salvarlos.

Yo siendo una persona normal, con costumbres normales, días normales, rutinas normales, me sucedió, fui una de las contadas personas en una de esas contadas ocasiones, pero no se confundan, ya que no soy de las contadas personas que menciono arriba.

Todo comenzó con un día normal, cuando de regreso a casa el camión se averió justo en la avenida principal de Mett, teniendo penosamente el conductor que bajar al pasaje, era temprano y no estaba muy lejos de donde abordo el segundo transporte, así que decidí caminar. Esquivado vehículos logre llegar a la otra acera, y todo iba normal, y no sé cuándo fue pero, me di cuenta de que era la única persona caminando en esta y la acera contraria, lo que me puso más nervioso fue el hecho de que el sonido en el ambiente era sordo, como si se escuchara desde dentro de una estudio sin eco. Acelere el paso pensando en encontrar a alguien más, los carros seguían pasando pero siquiera el ruido de algunos más veloces podían terminar con el sonido sordo, no había nada, ni aves, ni perros callejeros, personas, ¡nada!

Al poco tiempo de no sé cuantos pasos, me pareció haber recorrido una gran distancia, sumergido en mis tensos pensamientos, alzando mi paranoia y aumentando mi nerviosismo fui sorprendido por un brusco movimiento de entre un montón de basura, del cual salió un perro bastante grande, mugroso, totalmente blanco y con una mancha negra alrededor de uno de sus ojos.

-¡Carajo! –grite inmediatamente sintiendo como el corazón casi se arranca de mi pecho- rayos, que susto me ha dado este perro estúpido.

Me aleje continuando con mi camino repitiendo algunos chistes a mí mismo sobre un perro estúpido de una caricatura de mi infancia para tratar de calmarme un poco. Pero me di cuenta que aquel perro me seguía, me seguía a paso firme, podía escuchar paso a paso que daba detrás mío, y cada que volteaba el perro se quedaba hay…  inmóvil, sin jadear con la lengua de fuera, no gruñía, no parpadeaba, ni movía un solo musculo, solo me miraba con esos ojos negros y profundos, directo a los míos, lo cual me hiso apretar la quijada para tranquilizarme.

-¡Largo de aquí! –le grite al perro moviendo mi mano, pero él ni se inmuto.

Seguí caminando y el perro detrás de mí cada vez que escuchaba sus pasos seguirme aceleraba mi respiración, mi ritmo cardiaco enloquecía, y por más que trataba de distraerme mi mente solo se enfocaba en escapar del perro hasta llegar al punto de que se me aventara a mordidas, me correteara o hiciera algo, pero, nada de esto sucedió; solo me seguía.

Al poco rato observe con alegría la esquina que me indicaba que estaba muy cerca de donde seguramente habría personas, y alguien ahuyentaría al perro, pero al instante de este pensamiento escuche un carraspeo de garganta, como cuando alguien quiere aguantarse la risa y parece que estornuda o escupe; me detuve al momento, y tembloroso, sudando frio, y voltee a todos lados excepto atrás esperando encontrar a alguien, pero no había nadie, nuevamente estaba solo, y con cierta vacilación desesperada mire detrás mío, y solo estaba el perro, hay parado, con sus ojos fijos en mí azotándome con su perversa provocación, tan macabra era ahora su respiración, parecía excitado, cada que respiraba sentía que lo hacía sobre mi hombro.

-¡Lárgate, vamos! ¡Estúpido perro, fuera de aquí! – pero ni un musculo movió, no pestañeo. Temblé varios pasos en retroceso y por poco tropiezo por una saliente en la acera, a lo cual corrí hasta la esquina sin detenerme, era una locura correr solo por mis nervios, pero no me sentía cuerdo…

¡Tropecé! No me di cuenta de cuando llegue y por poco soy atropellado, todo volvió, el sonido normal, el tránsito de peatones, y era mi oportunidad… ¡el semáforo en rojo! Corrí rápidamente y llegue a la otra acera, el perro no me seguiría, pero no me atreví a confirmarlo, quería dejar todo atrás, pensar que solo fue una jugarreta de mi mente.

Me encontraba hay, jadeante, cubierto en sudor. Alegrándome por aun sentirme cuerdo seguí con mi camino… pero… a los pocos metros una niña que pasaba junto a mi le dijo a su papá que ese perro era muy grande, y mi sangre se congelo, mi respiración por más que la forzara no creo que respondiera, y sentí unas ganas de gritar, inmerso en la desesperación más grande que hubiera sentido jamás apreté fuertemente la quijada, y voltee la mirada, solo para encontrarme frente a el maldito perro, bestia infernal, cerbero de mi mente, ¿!Porque me sigues¡?

Su sonoriza era tan indescriptible que siquiera podrías intentar imaginarla, ni en tus más terribles pesadillas veras esa sonoriza, así es… el perro estaba frente a mí con una sonrisa de oreja a oreja, con la cabeza ladeada, mostrando sus dientes que reflejaban la locura hecha carne sobre la tierra, y… no pude soportar tal aberración, mi mente colapso, y… solo… mi cuerpo corrió en dirección al perro con una ira totalmente inhumana, aun podría jurar que no era yo esa persona o cualquier otra, pero le di tal patada que salió volando tan grande perro a la carretera justo en el momento en que pasaba un camión. Y todo… se cubrió… de sangre y viseras…

Horrorizado aun sintiéndome fuera de mi mismo, en estado catatónico legue a mi casa, y sin escalas a mi cama, no supe más durante toda la noche. Al siguiente día, me mude a un cuarto de hotel, ya que fuera, estaba sentado un perro con una sonrisa en su hocico, con la locura impregnada en sus ojos, aun mi mente no lo acepta, pero sé que sucede, ya que en el hotel no podía salir del cuarto, porque él estaba en el pasillo, sentado, no importaba cuantas veces llamara al gerente, a control canino, siempre terminaba como un loco cuando no encontraban siquiera pelo de perro.

Ahora, me he establecido en un solo lugar, después de mudarme mil veces, acudir a organizaciones de todas religiones, acudiendo a médicos especializados en afecciones neurológicas. Ahora intento continuar con mi vida, ignorando al perro fuera de mi casa, esperando,  solo esperando quizás el día de mi muerte, mientras tanto, me observa a todas horas, con esa sonrisa en su hocico, con esa mirada que quema mi alma día a día… ahora, no sé si aún estoy cuerdo, pero sé que estoy vivo, ¿Qué cómo lo sé? Es sencillo, sé que no me permitirá morir sin antes divertirse tanto como pueda.

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