Seductora

higueron

Bajo una montaña de palabras
despierto, a altas horas de la noche
tocando a mi puerta gentilmente
espectrales recuerdos perfumados
con su aromática esencia inundan
infiltrándose dentro de mis sueños,
tentando a las virtudes veniales.

Nuevamente es ella, bella dama,
enloquecedoramente sensual,
cortesana invitándome a la cama
con un temblor tibio, firme y fugaz
al instante provoca en mi pecho
alardeando, deseoso de un beso
entre sombras una mirada, solo eso.

Envuelve cada uno de mis sentidos
con una conciencia propia y común,
son sístole y diástole anarquistas;
asincrónica disonancia se torna,
invitándome, insinuante, una copa
una copa servida a su salud
desde una botella de su cosecha,
cosecha de los viñedos de Mórrigan.

Cautivadora, femenina hechicera
mueve sus labios de tal manera
que me cautiva, lasciva me incita
a probar su tentativo labial,
y su revelador escote ¡mortal!;
¡Ah!, mujer silenciosa y salvaje
que después de acabada la cena
su papel de dama quiere abandonar.

Tú, Soledad, ambición exuberante,
tu naturaleza espontanea
y un cuerpo de lento y dulce veneno
embriagante, enfermizo y sinsaboro;
benditas sean tus picaras caricias,
te has llamado mi mujer, para siempre,
Soledad, vigilia hasta despertar.

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